Parar el mundo

A veces me doy cuenta que el miedo se hace cargo de mi respiración. Siento el pecho apretado, dolido. El espacio se achica y los movimientos son más cortos. El miedo por los seres queridos, por el mundo tal como lo conozco, por la incertidumbre, por no saber.

Puedo pasar un tiempo sintiéndome así. Hasta que en algún momento recuerdo. Recuerdo el amor por los seres queridos, por el mundo tal cual lo entiendo, por la incertidumbre y por no saber también.

De inmediato el cuerpo recuerda y algo se afloja. Deliberadamente tomo unas respiraciones profundas. Hay más espacio ya. Siento las tensiones doliendo y soltándose. Y por un momento tomo el control de mi respiración. Por un momento me hago cargo de mi respiración.

Podría decir que es el amor el que se hace cargo al ser evocado, al recordar. Y encuentro refugio por un instante. Un instante que se hace más y más grande.

Que el amor, conmigo, se hace más grande.

Todo este proceso no me sucede espontáneamente. Me ocurre porque en algún momento comencé una práctica y me entreno en esa práctica.

La práctica de parar el mundo.

Y es posible que yo esté aquí sólo para recordarte.

Sería suficiente.

Enrique Alberto Kistenmacher

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