Actividades 2021

La esencia de Hakomi

Taller introductorio al Método Hakomi

El sábado 28 de agosto de 10 a 18 hs ofreceremos este taller dirigido a todas las personas interesadas en conocer este original método de autoestudio y desarrollo personal.

Asimismo es de especial interés para quienes trabajan con personas en la relación de ayuda.

Durante toda la jornada nos enfocaremos en la experiencia de las dos habilidades de relación esenciales en la práctica de Hakomi: la Presencia Amorosa y Mindfulness.

No se requiere experiencia previa.

“Hakomi es el método de evocar experiencias en mindfulness”.

Actividades 2021

La esencia de Hakomi

Taller introductorio al Método Hakomi

El sábado 28 de agosto de 10 a 18 hs ofreceremos este taller dirigido a todas las personas interesadas en conocer este original método de autoestudio y desarrollo personal.

Asimismo es de especial interés para quienes trabajan con personas en la relación de ayuda.

Durante toda la jornada nos enfocaremos en la experiencia de las dos habilidades de relación esenciales en la práctica de Hakomi: la Presencia Amorosa y Mindfulness.

No se requiere experiencia previa.

“Hakomi es el método de evocar experiencias en mindfulness”.

Uno con todo

26 de julio, 2021

Existe una comunidad de vida a la que debemos unirnos. Una comunidad de vida que lleva millones de años desarrollándose en el planeta y de la que, como paradoja, formamos parte. Esa comunidad de vida en proceso, permitió hace miles de años la aparición del sapiens sobre la faz de la tierra. Este es un hecho irrefutable que no sabemos como hubiera sido posible de otra manera. Lo que sí sabemos es que de ese proceso evolutivo se crearon las condiciones necesarias para la aparición de esta nueva forma de vida: la forma humana.

De distintas e increíbles maneras, a esa comunidad de vida y de especies, fácilmente se la observa como colaborativa. Los seres vivos, incluído el ser humano, cooperaban siempre, o casi siempre, por su bienestar y desarrollo en armonía. En este proceso, los cambios ocurrían sin esfuerzo, en beneficio de la interconexión e interdependencia de todos los seres y las cosas. Favoreciendo siempre el cuidado de los ecosistemas y la preservación de la vida por sobretodo

Hoy, este equilibrio maravilloso está en serio riesgo de perderse.

Hace unos 250 años, coincidiendo con el advenimiento de la llamada Revolución Industrial, el hombre pareció rebelarse al mismo proceso orgánico que lo vió nacer. Volcándose a las ciudades, abandonando la naturaleza en busca de las “oportunidades” que se abrían.

Qué es lo que nos hizo desconocer ese origen? Qué podría suceder para recuperar la confianza en los procesos orgánicos propios del mundo natural del que somos parte los humanos también?

Las maneras en que se expresa ese desconocimiento son la infinidad de abusos que en nombre del bienestar, el progreso, el desarrollo, ejerce el hombre sobre los recursos del planeta. Haber llegado a ese lugar de ignorancia puede tener una explicación que no me alcanza y en su defecto, me lleva a pensar en las posibilidades que existen de restaurar aquella confianza en el sistema más perfectamente imperfecto con el que me he vinculado en mi tránsito por esta vida.

Como consecuencia directa de una deliberada práctica de atención que sostengo desde hace casi 30 años, surgió en mí un curioso interés por las noticias que hablaban sobre el deterioro del cambio climático. Mi práctica es bien sencilla. Me siento en silencio y quietud mientras atiendo al flujo de mi respiración, sin juicio, sin crítica. Sin querer modificar nada. Tan solo notando. Una práctica que inevitablemente aclaraba y profundizaba mi mirada, despejando mi percepción.

Así, me fui acercando, sin quererlo, a interesarme en las alarmantes noticias que hablaban de inundaciones, hambrunas, incendios, catástrofes y tantas calamidades más. No me costó nada relacionar tanta evidencia de los desastres que ocasionaban los desmontes, la intervención en los cursos de agua, la megaminería, el abuso en la utilización de los combustibles fósiles, la pesca indiscriminada y tantas otras barbaridades, con la codicia y la ignorancia del recién llegado: el humano.

Al mismo tiempo crecía mi interés por las prácticas sanadoras, por la sabiduría del cuerpo, por aprender de mi mismo, y finalmente por intentar compartir mi experiencia con todas las personas interesadas en el autoconocimiento y el desarrollo de una humanidad plena. Así apareció Hakomi en mi vida y el llamado por acompañar a las personas en sus procesos de cambio y desarrollo personal. Hakomi, desde hace más de 20 años, apareció para darle sentido a mi vida.

Tal vez, la misma práctica que me llevó a sintonizar con este desastre en ciernes, pueda facilitar que otras personas alcancen esta percepción y que una masa crítica imponga por peso propio el cambio necesario para dar vuelta esta tendencia de una nueva extinción de vida en el planeta. Hubo otras, miles de años antes, ninguna impulsada por la mano de los propios actores principales. Quienes se suponen estamos en ventajosas condiciones en relación con las otras especies, nos estamos ocupando de nuestra propia extinción, arrastrando a todas las formas de vida con nosotros.

Entonces, tengo una propuesta; si pudiéramos detener el vértigo que nos arrastra, si pudiéramos aquietar la mente por unos minutos cada día, si atendiéramos al cuerpo en su sabiduría, si intentáramos poner palabras a nuestras sensaciones, ampliando nuestra percepción a través de esta práctica, seguramente estaríamos ante la posibilidad de ver con más claridad lo que estamos haciendo con nosotros mismos. Porque lo que hacemos nos lo hacemos a nosotros. Mordiendo la mano que nos da de comer. Destruyendo nuestro hogar. Esto es lo que estamos haciendo hoy: destruyendo el hogar.

Existe una comunidad de vida de la que siempre hemos sido parte y a la que sin embargo debemos re-unirnos.

Ese es el gran cambio.

Enrique Alberto Kistenmacher

Parar el mundo

A veces me doy cuenta que el miedo se hace cargo de mi respiración. Siento el pecho apretado, dolido. El espacio se achica y los movimientos son más cortos. El miedo por los seres queridos, por el mundo tal como lo conozco, por la incertidumbre, por no saber.

Puedo pasar un tiempo sintiéndome así. Hasta que en algún momento recuerdo. Recuerdo el amor por los seres queridos, por el mundo tal cual lo entiendo, por la incertidumbre y por no saber también.

De inmediato el cuerpo recuerda y algo se afloja. Deliberadamente tomo unas respiraciones profundas. Hay más espacio ya. Siento las tensiones doliendo y soltándose. Y por un momento tomo el control de mi respiración. Por un momento me hago cargo de mi respiración.

Podría decir que es el amor el que se hace cargo al ser evocado, al recordar. Y encuentro refugio por un instante. Un instante que se hace más y más grande.

Que el amor, conmigo, se hace más grande.

Todo este proceso no me sucede espontáneamente. Me ocurre porque en algún momento comencé una práctica y me entreno en esa práctica.

La práctica de parar el mundo.

Y es posible que yo esté aquí sólo para recordarte.

Sería suficiente.

Enrique Alberto Kistenmacher

EL AMOR EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Para el hombre que intenta conocerse a sí mismo, el miedo es su primer obstáculo. Y este sea quizás uno de esos tiempos para el hombre y la humanidad entera. El virus aparece y toma la forma de todos los miedos.

Apreciar la belleza, enamorarnos, es la manera de convertirnos en la Presencia Amorosa que salva al mundo de la pandemia. Es la manera que propone Hakomi para acompañar las búsquedas más significativas de un hombre de conocimiento. La búsqueda de uno mismo. Hacer de este ejercicio una práctica, más allá de heroicas pretensiones, ha dado innumerables muestras de ser transformadora.

Es una capacidad olvidada, pero propia de todos los seres humanos. Así fue como, olvidado de ella, he salido a la calle sin siquiera llevar mi vista al cielo o a los árboles. Tan solo enfocado en el hacer o mejor dicho en aquello que había que hacer. Envuelto en pensamientos, ideas, imaginando, anticipando. Apenas un espiar al frío o a la lluvia posibles. Durante años me he perdido de maravillosas fuentes de inspiración, negándome así la posibilidad de influir en mi ánimo de maneras “mágicas”.

Porque esta es mi manera de entender hoy la magia y no es que alguna vez me hubiera interesado el tema. Es que esa magia simplemente ocurrió. Ocurrió el día en que descubrí Hakomi y entendí en un instante, el poder de esta síntesis a la que había llegado Ron Kurtz, el creador del método, al integrar ese estado de la mente más sereno y que llamamos mindfulness, con la atención al cuerpo y el ejercicio del autoestudio.  

Liberarnos de todos los miedos es aceptar al dios del amor como el supremo de todos los dioses. Es reconocer al miedo en su justa importancia sabiendo que es el amor el que reina. Entonces me ejercito en buscar inspiración en todo aquello que me rodea. Y la encuentro. Y me nutro. Y me enamoro. Y me libero del miedo.

Enrique Alberto Kistenmacher

Una presencia en el campo

Existe un campo de resonancia que nos incluye a todos. Un campo en el que nos afectamos unos a otros. Algunos llaman a esto “campo de resonancia límbica”. Ocurre a pesar nuestro y también ocurre la posibilidad de influir en ese campo de forma deliberada. Cuando nos detenemos a observar a las personas en todo su potencial, reconociendo sus fortalezas, abrazando sus debilidades, apreciando su esfuerzo, su lucha, desde esa calidad de presencia que en Hakomi llamamos Presencia Amorosa, un mundo nuevo se abre para esas personas y para nosotros. Así decimos que influímos positivamente en ese campo de resonancia límbica y colaboramos a que el proceso de sanación y desarrollo encuentre un espacio propicio para su despliegue.

International Hakomi Meeting

Recién llegados del Encuentro Internacional de Hakomi Education Network en Bilbao para Trainers, Teachers y Practictioners. Muy entusiasmados de seguir compartiendo con ustedes los aprendizajes y enseñanzas de esta práctica.

Comunidad Internacional de Hakomi Trainers, Teachers y Practitioners en Bilbao, España. Septiembre 2019.
Diana Akawie presentando un taller sobre Mindfulness en la Reunión Internacional Hakomi.

Una práctica para tiempos difíciles

Por Enrique Kistenmacher.

Otra vez en el sube y baja, una nueva crisis y van…

Como tantas otras, con un denominador común: Incertidumbre. No sabemos. No tenemos idea de cómo vamos a salir esta vez, no podemos imaginarnos siquiera como recuperar la calma y el orden extraviados. Ni hablar de las limitaciones económicas y sus efectos…

En Hakomi nos ejercitamos en el no saber, hacemos de la incertidumbre un principio más. Damos por cierto que aún las preguntas más sencillas y con una respuesta automática pueden ser puestas en duda. Abrazamos el no saber y generamos el espacio necesario para que surja lo nuevo. Descansamos en cuan espacioso es verdaderamente este no saber y nos abrimos a las infinitas posibilidades.

Como practicante Hakomi, asi como en mi tarea de acompañar a las personas en sus procesos de búsqueda, crisis y sufrimiento, sostengo la necesidad de ejercitarnos en esta práctica milenaria, corazón de las tradiciones espirituales más antiguas. Es desde este espacio carente de certezas de donde viene la auténtica confianza en la energía creadora que mueve el universo. Porque finalmente, de donde vienen nuestras dudas más profundas sino de ese desconocimiento de cómo funcionan las cosas, de cómo se sostiene el mundo.

Por fin, como firme creyente de la sabiduría del cuerpo, me abro a escuchar sus sensaciones, permito que cada tensión, cada molestia, mis dolores, tengan toda mi atención. Observo, en quietud, en silencio, como la percepción se abre en la relajación. Encontrando una claridad inspiradora, pacificadora, que me nutre y sostiene, aún en estos tiempos difíciles.

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Sencillas Prácticas  

Por Enrique Kistenmacher.

Como practicante Hakomi me siento comprometido en el ejercicio de dos sencillas prácticas: Mindfulness y la Presencia Amorosa. El entrenamiento en el método está atravesado por estas dos habilidades de relación esenciales para su práctica.

Desde el comienzo del entrenamiento nos ejercitamos en aquietar la mente, en observar lo que sucede cuando ponemos la intención en ir más despacio. Interesados en saber también acerca de aquello que nos distrae en el intento de detenernos. Queremos saber y aprender de todo lo que ocurre cuando nos observamos con esta calidad de atención abierta, sensible, alerta, que no enjuicia, que no critica. Una atención que alimenta ese testigo interesado en conocer cómo es que hacemos lo que hacemos. Esta manera de estar presentes para nosotros mismos se conoce con el nombre de mindfulness. 

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Al mismo tiempo, cuando esta calidad de atención se vuelca hacia un otro, ocurre que podemos reconocer profundamente a la persona, sus fortalezas, su singularidad, su vulnerabilidad, despertando una verdadera aceptación hacia esa persona. Centrados en ese verdadero reconocimiento es como nos convertimos en esa Presencia Amorosa.

Con la práctica estas dos habilidades se convierten en hábitos. Nuevos hábitos para revisar viejos hábitos. En esto nos interesamos en Hakomi. En revisar viejos hábitos y las creencias que los sostienen. Y para hacer esto posible lo primero es ejercitarnos en estas habilidades esenciales. Aquietamos la mente y descansamos en ella. Somos compasivos y confiamos en lo que se nos revela.

Esto es algo de lo que ocurre cuando estamos de esta manera disponibles para nosotros mismos y los demás: lo que aparece, lo que ocurre tiene visos de verdad, de una profunda comprensión. Algo se siente bien y es todo lo que necesitamos para continuar en nuestra tarea de descubrir.

Esta es la manera que elegí para responder a mi curiosidad, a mi interés por conocerme un poco más. Y también para acompañar a otros interesados en el autoestudio. Una manera suave y gentil, que invita a relajarnos y que como el agua busca siempre el camino mas sencillo.

Hakomi en Evolución

por Ron Kurtz

El primer gran salto evolutivo en mi manera de aprender a practicar y enseñar psicoterapia fue dado por el uso de Mindfulness, que se produjo por dos cosas: mi largo interés por el yoga y el budismo, y por el uso del darse cuenta en la Terapia Gestáltica. Primero usé mindfulness en la terapia como una manera de llevar a los clientes a observar sus reacciones a las frases que yo les ofrecía.

Pronto, el uso de mindfulness me llevó a darme cuenta de la predominante importancia de la seguridad, la no violencia y la experiencia. Establecer un ambiente seguro y una relación de apoyo y compasiva, se convirtió en mi prioridad. Esta idea llevó al Método Hakomi hacia la práctica de la Presencia Amorosa, lo que pone al estado de la mente y al corazón del terapeuta como el contexto más grande para el trabajo. La relación sanadora y ese estado de la mente que llamo Presencia Amorosa, son fundamentales aspectos del método. Junto con el uso de mindfulness, el cliente necesita estar comprometido con el auto estudio y el auto descubrimiento. Para ayudar a esto, un trabajo del terapeuta es crear pequeños experimentos para traer las profundas estructuras de la mente del cliente hacia un darse cuenta consciente, a través de esas experiencias evocadas en mindfulness.

El siguiente salto fue hacer foco en proveer cierto nutrimento emocional llamado la experiencia faltante, una vez que el cliente hubiera descubierto lo ocurrido para que esta experiencia no sucediera. La meta de la terapia cambió para ayudar al cliente a que empezara a recibir la clase de apoyo emocional que está disponible en el mundo, pero que el/ella no podía disponer para si. La primera de estas experiencias puede ser con (y a veces desde) el terapeuta y posiblemente de otros que estén presentes. Con esto en mente, comencé a tener asistentes conmigo en las sesiones de terapia tan a menudo como podía.

El método puede ser visto como una serie de contextos anidados. El contexto más grande es el estado mental del terapeuta: Presencia Amorosa. En esta forma el método es como una práctica espiritual. Con cada cliente, en cada sesión, el terapeuta practica el estar presente y amoroso. Estando el terapeuta en Presencia Amorosa, la relación sanadora está establecida. Dentro de la seguridad que ofrece la relación sanadora, el cliente es invitado a ir a su interior a la manera de mindfulness. Los pequeños experimentos nos llevan a descubrimientos que revelan viejas ideas y patrones limitantes, permitiendo entonces nuevas y más experiencias nutricias.

Presencia Amorosa… la relación sanadora… Mindfulness… experimentos… descubrimientos… nuevas posibilidades de experiencias nutricias. El cambio general ha sido dado desde el terapeuta como un experto, como un amigo y maestro espiritual y amoroso, un compañero en el auto descubrimiento.

El proceso terapéutico comienza con el descubrimiento de ideas limitantes y patrones de comportamiento, y a través de la realización y experiencia de al menos una nueva posibilidad de recibir nutrición. La sesión terapéutica finaliza con la integración del cuerpo-mente de esta nueva idea y de la experiencia nutricia que lo hace posible.

(Este es un extracto editado de un artículo más largo escrito por Ron Kurtz en 2003).

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